Carta de amor de un turista para Salou desde Mar del Plata, Argentina.
Quisiera compartir una reflexión como simple visitante, sin otra intención que agradecer y expresar lo que sentimos cada vez que llegamos a esta ciudad.
Mi nombre es Andrés Ramírez, soy de Mar del Plata, Argentina. Desde hace diez años, junto con mi esposa, tenemos una hermosa tradición: dedicar un mes de nuestras vacaciones a recorrer España, la tierra de nuestros abuelos. En mi caso, mis raíces están en Asturias y Extremadura. Solo circunstancias excepcionales, como la pandemia o el nacimiento de nuestras hijas, interrumpieron esa costumbre que tanto valoramos.
En este viaje también nos acompañan mis suegros y nuestras pequeñas hijas de 5 y de 1 año, y nos encontramos alojados en un piso de la calle Brussel·les, con una vista privilegiada a la playa de Capellans.
Este es nuestro séptimo viaje a España. Hemos recorrido más de cincuenta ciudades, desde grandes capitales hasta pequeños pueblos llenos de historia. Y, sin embargo, hay algo que nunca cambia: siempre elegimos terminar nuestro recorrido en Salou.
Muchos podrían pensar que resulta exagerado que un turista, que apenas pasa diez días al año aquí, hable con tanto cariño de una ciudad donde no vive, no paga impuestos y no conoce todas las dificultades cotidianas de sus vecinos. Es cierto. Nosotros vemos muchas cosas con ojos de visitantes. Pero precisamente por eso también podemos apreciar aquello que, muchas veces, quienes viven aquí todos los días terminan naturalizando.
Quiero decirles algo con absoluta sinceridad: viven en un lugar privilegiado.
Salou tiene un equilibrio difícil de encontrar. Posee playas extraordinarias, agradables espacios públicos, una correcta infraestructura, una ubicación estratégica, una oferta gastronómica y turística de primer nivel y, sobre todo, una calidad de vida y un clima que pocas ciudades logran ofrecer.
Como toda ciudad, seguramente tiene problemas y desafíos. No existe el lugar perfecto. Siempre habrá cuestiones por mejorar y decisiones difíciles que tomar. Mi padre suele decir una frase que me acompaña desde hace muchos años: "Hay situaciones que simplemente son. Uno puede quejarse, lamentarse o discutirlas, pero la realidad sigue siendo la realidad.", o como diría el General Peron, la única verdad es la realidad.
Creo que uno de los grandes desafíos que afrontan hoy muchas ciudades europeas es gestionar una sociedad cada vez más diversa desde el punto de vista cultural. En mi opinión, el reto no pasa por negar esa realidad, sino por conseguir una integración que favorezca la convivencia, el respeto mutuo y la adaptación a las normas y valores del lugar que recibe a quienes llegan. Preservar la identidad cultural de una ciudad y, al mismo tiempo, construir una comunidad abierta e integrada no es una tarea sencilla, pero probablemente sea uno de los mayores desafíos de las próximas décadas.
Más allá de cualquier debate, quería que esta carta tuviera un mensaje principal: valoren el lugar donde viven.
Después de haber conocido decenas de ciudades españolas, mi familia y yo coincidimos en algo muy simple: si algún día tuviéramos que elegir una ciudad de España para vivir, esa sería Salou.
Por eso volvemos una y otra vez.
Porque aquí encontramos tranquilidad, belleza, hospitalidad y una forma de vivir que nos hace sentir como en casa, aun estando a más de doce mil kilómetros de la nuestra.
Ojalá el próximo año podamos regresar nuevamente, caminar por el paseo marítimo, disfrutar de un atardecer en Capellans y seguir sintiendo que, de alguna manera, Salou también es un poquito nuestra.
Gracias por recibirnos siempre con los brazos abiertos.
Un artículo de
Andrés Ramírez
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